Una cocina contra la helada

22/05/2017

Foto abridora: Eymi Montenegro y Jorge Soria del Grupo de Apoyo al Sector Rural de la PUCP.

(Esta nota fue publicada originalmente en la revista Domingo del diario La República)
Escribe: Milagros Berríos.
Fotos: Michael Ramón / PUCP. 

Un proyecto de la PUCP permite que las familias de zonas altoandinas cuenten con agua caliente para su higiene y la limpieza de alimentos. Solo necesitan el calor de sus cocinas a leña. 

—Tengo una noticia para ti.

—¿Cuál será Don Pancho?

—Te vamos a dar una cocina.

Esteban Huayllani pensó que “si era una cocina buena, bacán, ¿no?”. La que tenía en casa estaba vieja, manchada y el humo que emanaba era cada vez más negro. “Ese humo estaba malogrando a mis hijos”. Entonces buscó a su esposa Octavia para contarle lo que le había anunciado Don Pancho, el coordinador del distrito de Langui, en la región de Cusco, donde crecen sus seis niños.

Una “cocina buena” a más de 3.900 metros sobre el nivel del mar sigue siendo de leña, barro y adobe. Sin embargo, tiene algunas diferencias: distribuye mejor el calor y permite que el hollín sea expulsado por una chimenea, de manera que no se quede pegado en las paredes, ni en los pulmones de los niños que generalmente respiran un equivalente a veinte cajetillas de cigarrillos al día.

Esta tecnología —llamada cocina mejorada— está incluida en las Casas Calientes Limpias, un mecanismo que desde hace diez años implementan los investigadores de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), a fin de aumentar la temperatura en el interior de estas construcciones ubicadas en zonas con temperaturas iguales o menores a cero grados. Buscan dar calor en el frío.

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Se necesitan donaciones para replicar el proyecto en más zonas altoandinas.

Octavia Ccahuata y Esteban Huayllani, sus dos gemelos, dos niñas y otros dos niños, viven en una Casa Caliente Limpia en Langui, lo que les permite escapar de la estadística de las heladas: hasta julio del año pasado se registraron más de 250 mil afectados y cerca de 50 muertos. En las zonas altoandinas las temperaturas pueden llegar hasta -25 ° C.

Pero eso no es todo. Lo último que se ha desarrollado es un sistema que permite calentar el agua en estas viviendas. Esta nueva tecnología se suma a la de las Casas Calientes Limpias.

En los últimos dos años, este mecanismo —llamado Khoñi Yaku, o Caja Caliente— permite que el agua de la red de cañerías se almacene en una caja de metal y aproveche el calor de la cocina para aumentar su temperatura. Una vez caliente, y a causa de una propiedad física, se eleva y llega a una terma tradicional desde donde se distribuye de forma temperada por todos los caños de la vivienda.

“Ellos cocinan todos los días y no usan todo el calor. Mucho se pierde —dice Jorge Soria, ingeniero mecánico de 30 años, nacido en Junín, integrante del Grupo de Apoyo al Sector Rural de la PUCP—. El 70% del calor de las cocinas mejoradas se pierde. Entonces, pensamos qué se puede hacer con eso. Y probamos”.

Así es como se creó este accesorio, de cocinas a leña o bosta, que sirve para entibiar el agua con el calor perdido, y usarla en el aseo personal y en la limpieza de sus alimentos.

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Fuente PUCP. Ilustración: O. Arauco / LA REPÚBLICA

A la fecha, 23 viviendas, tres restaurantes y un comedor popular en el Cusco cuentan con agua que puede alcanzar los cincuenta grados centígrados. Están en La Convención, Urubamba y Canas. Allí viven Octavia, Esteban y sus 6 hijos.

La investigación e implementación de los prototipos contó con el financiamiento de Cienciactiva, de Concytec, y de Grand Challenges Canada. “Nuestro objetivo es convertirlo en una política social pública”, dice la investigadora Eymi Montenegro, comunicadora de 31 años, quien ha medido los resultados de esta iniciativa.

Y lo que halló genera optimismo. Antes de esta tecnología, los niños se aseaban una vez a la semana. Ahora lo hacen todos los días o dejan un día. También se han reducido las Enfermedades Diarreicas Agudas (EDA), y la asistencia a las postas médicas. Los ancianos, además, presentan menos molestias en sus articulaciones.

Las Khoñi Yaku pueden implementarse en las Casas Calientes Limpias, pero también en aquellas que aún no se adecúan a dicho sistema. Por lo pronto, la segunda tecnología, la más antigua y grande, ya tiene más de 500 familias beneficiadas en Puno y Cusco. Todas en situación vulnerable.

Pero esa cifra es insuficiente. Al menos deberían ser 400 mil. Por eso, el Grupo de la PUCP acaba de lanzar una campaña en busca de donaciones para llevar esta tecnología a las zonas más frías del país.

Recién, el año pasado, los ministerios mostraron mayor interés en asimilar esta tecnología. Ahora, los peruanos que viven en las alturas quieren quedarse en casa.